Hoy hace tres meses que falleció nuestro padre. Desde entonces son muchas las veces que me he acordado de él, como supongo que también os habrá ocurrido a todos vosotros. Cada vez que pasamos por delante de su casa, cuando llega un domingo y no hay ya posibilidad de pasarlo con él y en tantas y tantas ocasiones. A menudo me vienen flashes de sus últimos años. De sus preocupaciones y de sus ilusiones. De su contínuo interés por cada uno de nosotros. De su tenacidad para conseguir todo lo que se proponía. Pero siempre, al final, me entra paz y consuelo porque pienso que pasó los últimos años de su vida bien atendido y bien acompañado. Entre todos creo que le hemos ayudado a ser feliz hasta el último momento de su vida. Han sido muchas las ocasiones en las que nos hemos movilizado, cada uno según sus posibilidades, para hacer frente a situaciones delicadas, y siempre hemos salido airosos en el empeño. Como ejemplo, acordaros de lo contento que se mostró papá cuando escribió una entrada en el blog con el título ¡¡¡VIVA LA FAMILIA JURSCHIK!!!, con ocasión de la vuelta de Luz Mary después de unas vacaciones de un mes y medio en su país. O cuando se fue Cristina, menudo drama ¿os acordáis?. Entonces tuvimos que correr todos, Antonio Ventura tuvo una intervención crucial, Gloria, Mercè y Mari Carmen se compenetraron de maravilla para hacer frente a la situación doméstica. Luz Mary (o Mari Luz como la llamaba papá), la sustituta de Cristina que nos proporcionaron era una incógnita. Afortunadamente pronto se despejó y ha sido una verdadera bendición. En fin, así podríamos seguir recordando tantas y tantas ocasiones en las que todos de una u otra manera hemos estado siempre al lado de papá, dándole ayuda y cariño. Sólamente en plan pincelada, los viajes de Carlos con su actuación todo terreno, el día a día de Mari Carmen con el consiguiente seguimiento de papá y de la casa, los fines de semana en Martorell con Mari Carmen e Isidro y toda su familia, el calendario de Jaime y su acompañamiento en las comidas, las largas estancias en Lleida con Maria Pilar y Román, los viajes de José Alberto y Mari Carmen, siempre envueltos en aires de confianza y optimismo, los viajes de Maria Amparo, cada vez más intensos, las largas estancias de Antonio cada tres años. He de decir, que tanto por mi caso, como por lo que he visto en los demás, que nuestros cónyuges (Mari Carmen, Gloria, Isidro, Merchy, Román y Mercè) siempre han estado a nuestro lado, nos han ayudado y han querido a nuestro padre como uno más de nosotros.
Las muestras de cariño y comprensión hacia nuestro padre han sido una constante también por parte del resto de la familia, incluyendo nietos y biznietos. Seguro que allá donde se encuentren, ya juntos nuestros padres, se sentirán orgullosos de todos nostros y seguirán formando parte de nuestras vidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario